INTRODUCCION
Uno de los problemas más importantes para la
agricultura moderna es la limitación de agua.
Recientemente, a nivel global ha
empeorado esta situación en algunas regiones, entre otros aspectos, por el
cambio climático y la desertificación de zonas semiáridas.
Por ello, es
importante conocer los mecanismos mediante los cuales las plantas pueden hacer
frente al déficit hídrico. De hecho, estos organismos presentan una gran
variedad de adaptaciones a diferentes niveles de estrés por sequía.
Los cambios en los patrones de temperatura y de
pluviosidad pueden tener un gran impacto en la materia orgánica y los procesos
que tienen lugar en nuestros suelos, así como en las plantas y cultivos que
crecen en ellos.
A lo largo de los próximos años, muchos de los
problemas medioambientales relacionados con la agricultura seguirán aumentando.
Sin embargo, la gravedad de estos problemas podrian aumentar más lentamente que
en el pasado y dependiendo de la
intervención de los agricultores
en prácticas de recuperación de suelo; el impacto podrá
disminuir.
Las plantas son mucho más sensibles y su poder de
resolver problemas, de adaptación es evidente, cuando algo cambia en el
ambiente; como ellas no pueden escapar, son capaces de sentir con mucha
anticipación cualquier mínimo cambio para adaptarse.
Si se le ayuda y posibilita un equilibrio microbiológico al
suelo agrícola; permitiremos que los
microorganismos desdoblen minerales, coadyuven en la nutrición de las
plantas y lo protejan de enfermedades es lo que va a facilitar su
sostenibilidad.
En este modelo se hace
visible la ley del mínimo de Liebig que
dice que un organismo no es más fuerte que el eslabón más débil en su cadena
ecológica de requerimientos; demostrado
a partir de la capacidad sistemática que poseen los microorganismos de alimentarse básicamente
de lo necesario y aportando los niveles
de nutrientes ideales para la planta;
evitando abortos de frutas flores.
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